Toparius

Jardinero ornamental

El arte de la topiaria es una práctica de jardinería que consiste en dar formas artísticas a las plantas mediante el corte con tijeras de podar. Sin tijeras, pero con el mismo cuidado, esta técnica sirve de inspiración para diseñar un restaurante en el que las paredes se cubren de pequeñas hojas grabadas, con un revestimiento vinílico, los utensilios de jardinería se introducen en urnas, como si de piezas de arte se tratasen, y las ventanas se convierten en cubos de cristal donde exponer las plantas, trabajadas como en los jardines victorianos en la Inglaterra del siglo XIX.

Recursos estéticos que rematan la base del proyecto: una distribución abierta, con espacios que se solapan unos con otros y que van aportando intimidad, desde la entrada y zona de espera hasta los comedores privados. Iluminación flexible, en función de la composición de las mesas, y juegos de volúmenes en el techo para contrarrestar la escasa altura del local.

Descanso II

Al lado del mar

El sosiego de la época estival invita a disfrutar de esta vivienda creada para el descanso.

Con una privilegiada vista del mar desde buena parte de la casa, el exterior se adentra en el interior y forman un único espacio. La distribución de la vivienda, en dos alturas, amplía la superficie útil y permite diferenciar la zona de descanso de los espacios destinados al ocio. Alguno de ellos, volcado hacia el patio interior, se protege del viento y se beneficia de una temperatura más suave.

Guiños alusivos a la isla donde se ubica esta vivienda, Fuerteventura, invaden la casa en forma de fotografías, elementos de artesanía popular y en la gama cromática utilizada en paredes, alicatados y tapicerías, inspirada en el Gofio, alimento base de la comida canaria. Todo el mobiliario e iluminación, diseñado específicamente para la casa, se ha realizado en madera de roble con distintos acabados de barnices naturales y lacas, dejando las betas a la vista.

Descanso

Al lado del mar

Una segunda vivienda al lado del mar se convierte, en estas épocas, en el lugar perfecto donde disfrutar del buen tiempo y prolongar las jornadas de descanso en el exterior.

Esta casa se asienta en la ladera de una montaña insular con vistas al Atlántico y forma parte de una urbanización diseñada con un estilo clásico de toque colonial. Colores contrastados entre fachadas y recercos de ventanas, volúmenes diferenciados y mezcla de cubiertas planas con otras a cuatro aguas, coronando las torres laterales, son la seña de identidad de esta propiedad destinada a uso vacacional.

Se han creado varios patios con distintas orientaciones y un pequeño jardín con terraza y piscina orientadas al mar, lo que permite la utilización del espacio hasta el anochecer.

Madera

Estructuras flotantes

La capacidad para visualizar lo que un cliente solicita lleva, en ocasiones, a hacer un planteamiento estético alejado de esa primera idea pero que conserva la esencia de las necesidades del negocio. El local, el producto, el público al que va destinado es, a veces, lo que marca la línea a seguir en la materialización del concepto de negocio más que el gusto personal del propietario o las tendencias actuales.

Incluso recurriendo a ellas, se puede hacer un planteamiento más original, apartándose de la repetición. Este pequeño espacio de moda, se aprovecha de una estética conocida, de maderas con acabados naturales, para reinterpretarla y dotar de personalidad al negocio. Se crea una envolvente monocromo en todos los paramentos del local y se da protagonismo a las estructuras de palillería que, concebidas como esqueletos de armarios a doble altura, quedan suspendidas del techo sin llegar a tocar el suelo.

Iluminación directa al producto, repetición de la imagen gráfica en distintos soportes y un cuidado trabajo de ebanistería, crean un conjunto reconocible que ayudará a consolidar la marca y hacerla reconocible más allá de las modas.